
Homenaje al urbanismo despótico del nuevo siglo narrativo incumplido en las torres transmutadas de callejerísimo vandálico del escritor…
Resistir el impulso de coger el teléfono
y teclear tu nombre, coger la línea
y llegar hasta tu voz
mientras escucho a Green Day
en la cocina de un restaurante extraño.
Un restaurante que esperaba me diera paso
tu cuerpo…
(Falacia inventada por un transeúnte que buscaba un billete que se le calló en una alcantarilla y maldecía su suerte mientras la prostituta se marchaba profiriendo heces silábicas).
Entonces me recostaba frente al mostrador mientras venía
otra orden “2 presas con papas.” En oferta. “Sí, pero sin refresco.”
Entonces no es en oferta. “ Ajá.” $2.75 ¡Gracias buen provecho!
Sigo resistiendo escuchar tu voz frente al mostrador y el celular me seduce.
Luego de pensar en el “bill” de este mes y aterrorizarme
pienso que los trucos de los amantes son siempre iguales
y aún sabiéndolo uno siempre se mete con alguien que no debe.
Resistir el impulso es lo que me convierte en un héroe
sin nadie a quien rescatar, excepto a los trazos de mi dignidad
que observa conmovida el espectáculo.
Extiendo mi mano marco el número
y la contestadota me avisa diligente con su voz
armoniosamente melosa, que deje un mensaje.
Pintura de la cuentista puertorriqueña Carmen Zeta: Ciudadano Cero

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