
Nuevas potestades: desempleo eclesial
Somos pequeños dioses jugando a ser Dios.
Buda se sienta el trono del Olimpo
y resquebraja con su panza los cimientos
de la montaña. Los dioses griegos
hipotecan la montaña en la cooperativa de ahorro y crédito
del Tibet para remodelarla, incapaces de sufragar
la deuda sucumben al embargo del Dalhai Lama.
Se lanzan a vivir al Hades luego del desahucio.
Zeus reencarna en un actor mexicano con cara
de Andrés García para ocultar la vergüenza.
Mahoma lanza metralletas desde los cielos
mensajero hábil que comparte su oficio con Hermes
quien presta servicios de inteligencia a la CIA
luego del desempleo. Alá juega una que otra partida con su primo hebreo
y Abraham se pregunta por que salió de Ur.
Sara desde el balcón de su montaña aún le recrimina la infidelidad.
Moisés se pregunta de donde le surgió la duda que lo exilió de Caná.
Babilonia se viste de puta por diversión y las mártires ahora son mujeres
que dejan sus vidas en una oficina evadiendo sus fracasos
los hombres los evaden en el limbo del yo no sé que más hacer
y se enlutan de sus propios disgustos. Confucio es el único que ríe de este
espectáculo confundiendo a todos y Jesucristo está presto a ser crucificado una vez más
si el hombre mira hacia las lumbreras de incienso que los reyes de oriente le obsequiaron.
Los únicos que en realidad son dioses con potestad para gobernar son
los petroquímicos, con poderes divinos, no necesitan
de cruces, del Olimpo, el Tibet, Zion ni otra montaña, son dioses del subterfugio
y de las entrañas excretan su elixir, bástale con cerrar las fosas
y todos estaremos sumergidos en el caos de la segunda creación.
Somos pequeños dioses jugando a ser Dios.
Jehová, dónde estás, vuelve del descanso que tomaste
luego que nombraron al primer Papa, te han usurpado el trono unos malandros vestidos de sotanas, que dicen ser tus herederos, y se gastan las riquezas de tu reino con el modisto extranjero que surte el ropero de Walter Mercado. Los bancos son los nuevos templos donde el verbo único es verde y los sueños se visten de luto para postrarse sobre el laconismo del tiempo en un instante.

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