
XI: SENTENCIA DE LA BELLEZA
Sentencia de los cuerpos que se quiebran
en una bancarrota de años
donde la piel se convierte en un antro de explotación
minera, rasga los rostros que envenena el metano,
se descubre el cuerpo, se torna amarillento,
como un manto corroído por el saldo, la mirada se recubre
con la decadencia del esplendor, se martiriza con su reflejo
rasguñado por horas dilatadas en un cuarto hotel
donde la presencia, icono del verbo,
era polvo de oro esparcido en el maquillaje aéreo
del sonido donde se consumía la imagen
del deseo. Ahora, desnuda, la sentencia espera un mar de huesos, un rostro que se esconde de los años, el recuerdo desvanecido de una belleza que se robó el desempleo de los días. Ahora, el canario muerto de la mina, inadvertido, vuela como un reflejo del cuerpo en el silencio que evoca el instante.

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