
Cantábrico desorden admitido en salas amorfas del compuesto binario del agrario motel de cinéfilos inmundos…
Caminaba energúmena brisa entre sus
bizarros muslos. Sonreía fumando un
Malboro Light según podía ver desde
su esquina, lucía unos jeans ajustados.
Figuraban entonces una composición
degustada entre sus paladares,
cantábrico desorden, balacera de monos
agitándose sobre sus instintos, algas nacían
poseídas por el fragor de la praxis binaria
que salpicaba la natalidad de un nuevo
embrujo/compuesto. Tránsitos se entre cruzaban
acunado balas, nomenclaturas oxidadas
reduciendo el espacio entre los magnetos,
se ajustaban los polos y los Malboros ahora
eran compartidos en una balacera de gemidos
en el empírico círculo de los cortinajes, espías de
las formas, cinéfilos inmundos degustando
los órganos desmedidos expuestos, agonizando
y los labios mutilados dentro del espíritu fogoso
descocían los entre-cuerpos/entre-deseos, recovecos
desquiciados. La crisálida dónde se fundían pedía
una excusa para ir a deshacerse del sudor (H2 + O2/copulativo),
salas amorfas salpicadas con cloruro de sodio en un agrario
motel de cinéfilos inmundos, sandijüelas expositoras del
margen cuantitativo del gemido/deseo
y un estable estabilizador los extasiaba estancando sus orgásmicos
cuerpos en un establo, motel agrario de cinéfilos inmundos
descociéndose el pudor de las chamarras inundados por un ecuestre transitar.

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