Sobre el autor

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Puerto Rico (1986). Juris Doctor, Universidad de Puerto Rico. B.A. en Literatura Comparada, Universidad de Puerto Rico, Recinto Universitario de Mayagüez. Entre sus publicaciones destacan: Estoicismo profanado (2007), premiado por PEN Club de Puerto Rico y El imperio de los pájaros, (2011). Es columnista de la Revista Cruce y realiza estudios doctorales en Filosofía y letras en CEAPR. Se ha desempeñado como educador comunitario. Varias noches vagó por las calles de algún punto de la isla ofreciendo condones, jeriguillas limpias y pruebas de VIH.

Sobre mi poesía

“Echevarría Cabán reintroduce en el país una poesía indagatoria cuyo realismo imaginativo se encamina hacia una estética experiencial imaginística como posible paradigma de nuestra literatura más actual”

–Alberto Martínez Márquez


"Indudablemente, la poesía de Abdiel Echevarría es un reto a la normalidad de una conciencia tradicional"

–Rafael Colón Olivieri


lunes, junio 11, 2012

Caridad Masturbada


Reclamo la tierra violada de mi nombre
cárcel de manos airadas sobre el tálamo
trémulo, sobriedad de sonrisas quemadas,
posadas como un golpe de estampida sobre el rostro.
Lo sé, te ofende que no ceda a tu indulgencia,
sé también, no hay rastro de bondad en la caridad,
no hay ápice siquiera de bálsamo,
es la más servil de todas las autocomplacencias.
¡Quieres que alimente tus rafagas de vuelo de rodillas!
Beba del mantra- racimo y desdibuje espejismos
en la corriente vertida de mi sangre.
La corriente,
vierte todo mi semen fecundo
entre las entrañas del abismo
y preña los muros desolados de la herrumbre.
Quieres que sea la rosa, la rosa palpitante de desvelo,
por tu nombre magnánimo.
Buscas en mis ojos la raíz dócil del mancebo suculento
que desconoce el poder de su belleza.
Buscas la inocencia lozana y es solo otro espejismo
de tus manos, corta el vuelo al ras del suelo.
Ser banquete es otra fuga en la que se pierden los pasos.
El sexo nos libera tanto como nos esclaviza.
Los clavos, son siempre clavos cuando clavan,
y mis manos son corriente ensangrentada,
mi espalda muro de lamentos de penumbra opalescente.
Quieres para mi voluntad, la danza de la guillotina,
el viaje hasta el centro del vientre seco…
Oh, Caridad, no te masturbes en mi cara,
puedes venirte sobre la sangre decapitada de tu desvelo…

¿Una estética marxista-feminista?: El cuerpo textual como mercancía y sus implicaciones bio-geo-políticas


      La poiesis de Julia de Burgos y Kattia Chico transitan territorios discursivos que construyen al cuerpo como una metáfora de la transnacionalidad, toda vez que  el cuerpo -como mercancía- se transforma simbólicamente en un producto cultural que fluye en el mercado, descontextualizado de la “verdadera experiencia nacional.” En este espacio de intercambio socioeconómico podemos rastrear las tecnologías y servicios que, articulan al cuerpo transmigrado por medio del fetishismo. Esto supone al cuerpo como mercancia canjeable en la sociedad postcapitalista. Aunque, cabe señalar que dicha dinámica puede suscitarse al margen a través de intercambio clandestino,[1] para la teórica queer y postfeminista Beatriz Preciado esto es controlado por el bio-poder que se constituye por medio de la regulación de los cuerpos en las sociedades patriarcales/ capitalistas. Particularmente regulados por el Estado, las tecnologías del sexo y el genero. Preciado en su Manifiesto contra-sexual (2000) esboza el siguiente argumento:

            Es preciso señalar que estas tecnologías del sexo y del género no existen aisladamente o de manera específica, sin formar parte de una biopolítica más amplia, que reúne tecnologías coloniales de producción del cuerpo-europeo-heterosexual-blanco. De este modo el nuevo cuerpo masturbador, amenazado por una contaminación interna a sus propios límites, opera también como una metáfora fisiológica de nuevos estatales modernos en pleno periodo de expansión colonial. (83)

             El nuevo cuerpo, o cuerpo transgénero como prefiero llamarle, -sin acotar alusiones directas al sentido tradicional del término- configura esos nuevos estatales modernos por medio de su inserción en el discurso transnacional y transcolonial. Es importante indicar que el cuerpo transgénero no es igual al cuerpo transexual, ambos se mueven a través de tecnologías e intercambios distintos aunque muy similares. Sólo en el cuerpo textual de Julia de Burgos observamos cierto deseo de transformar su cuerpo al sexo opuesto, ello supone la intención de crear la utopía de un cuerpo transexual, que por sí sólo no escapa a los binarios heteronormativos hombre/mujer. Sin embargo, junto a la desestabilización de ciertas prácticas sexuales reafirman un estado de flujo identitario que se examinará más adelante en lo que denomino el género nómada.

            En este sentido, según Ramón Grosfoguel en Colonial Subjects: Puerto Ricans in a Global Perspective (2003), es necesario trascender el estado-nación[2].  Aunque tengo mis reservas en cuanto a su planteamiento sobre el caso de Puerto Rico, que no se ha constituido como un estado-nación, debo reconocer que ésta es la estrategia discursiva que permite ubicar al cuerpo como un organismo capaz de subvertir los cánones patriarcales de dominación imperialista. Grosfoguel aboga por la trascendencia del estado-nación según la rearticulación geopolítica de las diásporas, por ejemplo, en Estados Unidos, hecho que igualmente puede aplicarse a todo tipo de desplazamiento en las zonas geográficas del sistema económico global. Dicha trascendencia no implica necesariamente la anulación de la identidad nacional sino su reintegración geopolítica, especialmente cuando se entra en contacto con otros grupos culturales. Habría sin duda que añadir al planteamiento de Grosfoguel que dicho desplazamiento se suscita igualmente sin la necesidad de moverse del espacio geográfico. El exilio y/o trascendencia de la propia cultura se puede manifestar desde la integración de otras culturas por medio de las subculturas. Por ejemplo, puede atribuirse una nacionalidad específica a un gótico o a un otaku. ¿Hasta qué punto la hibridez entre subculturas altera la construcción discursiva del género y la nacionalidad?

            Si bien es cierto que podemos identificar un lugar de partida, una nación específica, tal es el caso de Japón y su cultura pop que ha llegado a nuestros mercados y cuya representación del género es sumamente subversiva, lo cierto es que la identidad nacional se transforma a través del flujo del cuerpo textual cuando se inscribe en otro contexto. Ello me lleva a pensar en el “softpower” japonés extiende aspectos de la cultura pop japonesa en espacios a los cuales su poder político no puede extenderse por limitaciones geográficas y/o económicas.

            En este sentido hablamos de un intercambio transcultural por medios virtuales y/o los productos culturales asociados a la cultura del mercado, en este caso Anime, manga, entre otros productos. Cabe destacar que este “softpower” ha sido un medio por el cual se ha defendido la identidad nacional puertorriqueña por parte de los grupos separatistas. De hecho, podemos hablar de la infiltración de la cultura puertorriqueña en el imperio ya sea, por medio de representaciones culturales folklóricas (que no necesariamente definen lo puertorriqueño) como el desfile puertorriqueño de Nueva York o los productos culturales como los textos de la diáspora de autores como Esmeralda Santiago, Judith Cofer y Willie Perdomo quienes escriben en inglés.

            Ante esta realidad, las poetas que se analizan en este estudio ubican en un espacio figurado el proceso de construir una identidad de género tránsfuga que parodia los roles sociales predispuestos, por lo cual, dicho estado-nación se desplaza hacia un espacio alterno inestable que es el cuerpo. Por lo tanto, el cuerpo reemplaza  en sí mismo el espacio del estado nación para producir un discurso identitario vacuo en el cual se reinscribe la metáfora de la nación. De esta manera desestabilizan la unicidad del discurso paternalista. Con ello, incluyen en la discusión el punto de vista subalterno que cuestiona la colonialidad sobre el género en la construcción del imaginario social.

            Esta estrategia subjetiva es uno de los primeros atentados que varios poemas de ambas autoras produce debido a que desarticula la unicidad de los universales típicos de los discursos masculinos y coloniales. Ambas quiebran la obliteración de la opresión e introducen un punto de vista subalterno ignorado de la discusión epistemológica.  Más aún, cuando dicha discusión repercute en la desestabilización de los discursos del margen como el feminista, que ha buscado crear un cuerpo textual anclado muchas veces en patrones heteronormativos y exclusivos. Asimismo, algunos discursos queer, especialmente de parte de los activistas que buscan asimilarse en su afán por cifrarse una identidad inmutable muchas veces ignoran las diversidades dentro la misma comunidad LGBTT[3] que reclaman para sí. Por lo tanto, el punto de vista subalterno que se esboza en algunos poemas de Julia de Burgos y Kattia Chico propone la desarticulación identataria del género del sujeto, sus intentos de plantear una identidad se establecen desde la fuga, cuya estrategia recala en la descolonización del cuerpo y replantea sus múltiples manifestaciones identatarias.

Julia de Burgos, la territorialidad del mar, el río, la isla y el género nómada

            El Dr. Juan G. Gelpí en su libro Literatura y paternalismo en Puerto Rico (1993) profundiza su lectura sobre la desarticulación del sujeto en la poética de Julia de Burgos vis à vis la retórica paternalista establecida por la Generación del treinta, especialmente su propuesta contestataria ante la visión insularista de Antonio S. Pedreira.[4]  Gelpí nos indica que el discurso poético de Burgos se inscribe en una tradición que se intenta cimentar como un estado-nación y en la inmovilidad territorial que produce el aislamiento insular. Para Gelpí la construcción del sujeto nómada, idea que extrae del trabajo de los teóricos franceses  Gilles Deluze  y Félix Guattari[5], encuentra en el elemento del agua, el surco, el aire, las rutas, entre otros, la capacidad de fuga ante los supuestos que definen la identidad nacional, por cuanto, se desestabiliza la imagen de unicidad colectiva. Asimismo añade que en poemas de Julia de Burgos se quiebra la hispanofilia y revela la lucha de  clases en poemas como: “Desde el puente de Martín Peña” en que se aboga por los derechos de la clase obrera y “Ay, ay, ay de la grifa negra” que junto a Luis Palés Matos integran el punto de vista subalterno de la negritud. Señala que en los debates sobre la identidad lingüística de la isla igualmente se fragmenta ya que Burgos escribe su último poema “Farewell in Welfare Island” (252) en inglés contrario a la corriente intelectual que defendía el español como lengua identitaria:

Where is the voice of freedom,
freedom to laugh,
to move
without the heavy phantom of despair?

Where is the form of beauty
unshaken in its veil simple and pure?
where is the warmth of heaven
pouring its dreams of love in broken spirits?

It has to be from here,
right this instance,
my cry into the world.
My cry that is no more mine,
but hers and his forever,
the comrades of my silence,
the phantoms of my grave. (252)

 En términos geopolíticos la mirada subalterna de Julia de Burgos en este poema se deshace de su yoidad para ubicarse en la otredad de la diáspora en severa crítica a la imposibilidad que enfrentan las minorías del imperio y las del territorio insular de alcanzar el sueño de la modernidad o en otras palabras el sueño americano. Aunque se pueda alegar que el valor simbólico de la isla la ha mantenido parcialmente doblegada ante las economías neoliberales por las transferencias monetarias federales, no podemos negar que las ilusiones del proyecto Manos a la obra se desgastaron rápidamente y la población volvió a sufrir los estragos del estancamiento socio-económico.

            No obstante, esta fragmentación de la voz poética en la otredad igualmente se manifiesta en la construcción del género. Este aspecto no visitado por la crítica, según tengo noticias, es la desarticulación de la identidad de género no sólo como estrategia discursiva para contrarrestar la opresión en la mujer heterosexual, sino que asimismo propone un género nómada, como he decido llamarle partiendo de los planteamientos del sujeto nómada,  que transita espacios ambivalentes que se constituyen desde la integridad del cuerpo femenino cuyo territorio se anula para dar paso a la fuga de la identidad. Deseo aclarar que la escisión entre sujeto histórico y poético es necesaria ya que, la Julia histórica es una poeta heterosexual según tenemos noticias, sin embargo, no es así cuando examinamos poemas en que la identidad de género se vuelve inestable, tal cual “Pentacromía” que el mismo Gelpí menciona en su estudio:
Hoy quiero ser un hombre. Subir por las tapias,
burlar los conventos, ser todo un Don Juan;
raptar a Sor Carmen y a Sor Josefina
rendirlas, y a Julia de Burgos violar. (19)

            La inestabilidad se establece no sólo desde la construcción alternativa de género sino que se transcribe en el deseo homoerótico que se inscribe particularmente en la violencia de la violación que suele atribuirse al género masculino en el imaginario patriarcal. Por igual, el cuerpo “femenino” se borra, es un espacio de fuga en que la identidad propia se disuelve para dar espacio a que se construyan nuevas identidades, en este caso masculinas o cabría preguntarse si en efecto en esta circunstancia se podrían calificar de  masculinas, descontextualizadas de su habitual marco de referencia, para inscribirse en el discurso descolonial que Julia de Burgos propone en el poema. El recorrido por varias identidades masculinas provoca varios desplazamientos del género que descolonizan la unicidad de la construcción discursiva tradicional de éste según los roles patriarcales. De hecho, el desplazamiento no sólo ocurre en la identidad de género en cuanto al rol preestablecido sino también ante el deseo homoerótico desplazado en el propio cuerpo que se consigue a través del desdoblamiento de la voz poética. Este desplazamiento sin lugar a dudas cuestiona la integridad de las bases heteronormativas del imaginario social y en consecuencia las regulaciones que ha impuesto el estado-nación sobre la construcción identataria del género según roles prescritos.

             En “Nada” dicha ambivalencia conduce a los amantes a situarse en el espacio de la nada, nuevamente, en un espacio vacío: “Como la vida es nada en tu filosofía,/ brindemos por el cierto no ser de nuestros cuerpos./ “(20).  Ese no ser anula la inscripción del cuerpo en un espacio particular y lo transforma en uno liminal. Asimismo, el mar es ese lugar en que el fluir de las aguas se análoga con el fluir del género. En la poesía de Julia de Burgos para el Dr. Gelpí el mar es un espacio en que en los límites insulares se expanden: “Por otro lado, el mar es en éste[6], así como en otros textos de Julia de Burgos, el espacio de la amplitud; todo lo contrario de lo que plantea Pedreira en Insularismo.  (46) El mar por tanto es una puerta abierta que mantendrá conectada a la isla-cuerpo con la multiplicidad. Julia de Burgos establece un discurso ontológico cifrado en la integración con las aguas, este es el caso de su célebre poema: “Río Grande de Loíza”. En ese espacio ambivalente del río-hombre en que ésta se baña el cuerpo se inscribe en la androginia de ser no sólo el río hombre sino parte del “ontos femenino” de la misma poeta.  En el poema se comienza a describir el desarrollo del río-hombre desde la otread sin embargo se mueve luego hacia la fusión del ontos femenino con la esencia del río-hombre construyendo así una identidad andrógina. La voz poética comienza pidiéndole al río que se alargue en su espíritu, no obstante, más adelante nos dice: “¡Quién sabe en qué país mediterráneo algún fauno en la playa me estará poseyendo” (8). Este desplazamiento del género a su vez recala en el desplazamiento bio-geo-político de la identidad nacional, aspecto con el que se finaliza el poema. Por lo tanto, el género se convierte en ese espacio inestable que recorre la geografía insular que se inserta en zonas igualmente inestable en que la identidad nacional deja de ser un constructo monolítico sino uno de escape en que siempre se renueva.

Kattia Chico y el cuerpo proteico: de los discursos posmodernos a la transmodernidad
            En el caso de Kattia, el análisis sobre la desarticulación de la identidad nacional adquiere matices distintos a los que hemos visto en Julia de Burgos. Comencemos por trazar la transitoriedad de la poesía de la tierra por la poesía de los espacios urbanos en Efectos secundarios en que atisba la ruptura con la idealización utópica de la construcción del Puerto Rico moderno. En los poemas de Kattia vemos como no sólo los espacios urbanos son recurrentes sino que se violenta su figuración para crear espacios de fuga que no buscan articular una sociedad homogénea, por el contrario, son espacios de alienación, como es el caso del poema, “Porque fuimos felices en fresalandia” (15) en que el tono de desencanto se mezcla con la parodia al amor burgués:

Allí estamos de robo,
Encendidos los ojos o anegados;
Las bocas ocupadas con el opio de los besos,
Cursilerías enormes,
O proyecto imposibles que delatan
La desesperación del desahuciado. (15)

            Es indudable que el fracaso de proyecto moderno recala en la desarticulación igualmente de las dinámicas del amor burgués, la mención de los proyectos imposibles, centrados en las relaciones amorosas o de familia es una prueba de lo antes dicho.  Por igual, los lugares como el cuerpo especialmente el femenino adquieren una factura de prótesis que eclipsa o borra los espacios comunes del discurso nacional para inscribirlo en uno múltiple capaz de repensarse. En  “Efectos secundarios del olvido” (217) sucede algo similar, para el crítico Roberto Echevarría ocurre una dislocación entre discurso y cuerpo en que la figuración de un espacio autónomo que ocupa el corazón  avasalla el discurso de la voz poética. Su  finalidad se trascribe finalmente en que dicha escisión altera la ubicación  tradicional del discurso histórico-logocéntrico. Echevarría comenta lo antes dicho cuando señala que en el poema “Porque fuimos felices en fresalandia”  la multiplicidad de eventos que conforman la experiencia humana deshacen lo insidioso del discurso masculino a través de la indefinición de género de la voz poética. 

            En el caso de la construcción de la identidad nacional es importante señalar que Chico inscribe un discurso alejado de lo panfletario para proponer nuevas maneras de repensar la identidad nacional como propone en la “Búsqueda II” (54):

Quiero decirte algo muy triste, que tal vez ya sepas:
Que mientras tú padeces condición de extranjero
Yo sigo en mi milímetro, y te entiendo.
Esto es dos veces grave.
Te llamo desde el fondo de la Tierra
Porque la superficie me es ajena,
Porque no hay latitud que me acomode,
Ni patria que me instale…. (54)

            El poema concluye indicando que: “más vale  fantasear lo remoto/ que nostalgiar lo propio/ cuando se lleva adentro/ condición de extranjero.”  La voz poética se describe a sí misma fuera de la construcción nacional arquetípica y reemplaza la visión de una identidad colonial amenazada para proponer una individual que intenta insertarse en el macro-discurso  masculino nacional y universal. Este aspecto nos remite a prestar atención a cómo en la transmodernidad las identidades subalternas reclaman la integración y participación de los discursos excluyentes de la modernidad. En este sentido podríamos decir que el poema adquiere una factura descolonial que trasciende la subalternidad del discurso. Otro poema que nos remite a la idea descolonial es “Días de fraude” (60-61) cuya factura estética postmoderna culmina con un verso que trasciende el espíritu posmoderno para insertar el punto de vista subalterno y con ello resquebrajar el simulacro de la unicidad totalitario del discurso moderno:

En estos días de fraude
me pregunto
si una mujer se arranca el cuero cabelludo
podrá por fin mirarse el reflejo del mundo
nadándole en su cráneo transparente. (61)

            Estos versos nos recuerdan al planteamiento del Dr. Gelpí sobre la identidad trásfuga que se deslinda de la poiesis de Julia de Burgos en que el mar e imágenes alusivas al aire extienden el discurso insular para rebasar las fronteras de la colonia por medio del elemento líquido que, más que aislar a la isla, la extiende. En el corpus textual de este poema de Chico, la extensión de la metáfora marítima en la acción del nado se inserta en el cuerpo femenino para alcanzar el mismo propósito. En consecuencia, esta tendencia de plantear una identidad nacional trásfuga se inscribe desde el cuerpo como geografía que se vuelve prótesis de sí misma:

Soy una voz mezclada en ordenador,
mi cuerpo entero, prótesis,
aburrida, cansada, enferma de mí misma,
patíbulo fresita desmontable y cartón. (61)

El poema sugiere una articulación identataria cifrada en el cambio constante, idea que ciertamente apela al espíritu teleológico de la modernidad, no obstante, dicha idea ya se había planteado en la filosofía clásica griega por Heráclito, así que no es del todo una idea que debamos examinar a la luz unívoca de la modernidad. La subversión de género se completa al final del poema con un tono que nos remite a la geopolítica del cuerpo en que se cuestiona la estructuración política del género vis à visel espacio social: “si una mujer se arranca el cuero cabelludo/ podrá por fin mirarse el reflejo del mundo/ nadándole en su cráneo transparente./ (61)   El cráneo, el espacio en que se articula la realidad según el discurso logocéntrico kantiano se convierte en el espacio geográfico en que confluye la articulación política del mundo. Esto recala en la proposición de una política subjetiva mediada por el punto de vista subalterno. Asimismo en el mismo poema se articula la estrategia de anular el cuerpo no sólo implícitamente sino explícitamente. La desintegración del cuerpo se produce por medio de la desarticulación de éste hasta que se convierte en prótesis. Cabe destacar que el poema asume una no identidad desde el principio cuando la voz poética enuncia que hay días en que es un seudónimo de sí misma. Además, cabe mencionar que el proceso de borrar la identidad corpórea se completa cuando la voz poética indica que a veces es tan invisible que puede vivir.

            Por lo tanto, Chico propone repensar la modernidad y recomponer la identidad sin necesidad de defender la construcción cultural social que es cambiante. “Variación sobre Kafka” (33) es un buen ejemplo de lo antes dicho. En este poema el espíritu alienante de la estética modernista que desarrolla el discurso patriarcal establecido por Kafka recoge los horrores de la deshumanización del hombre. Sin embargo, por medio del deseo erótico se busca reconstruir la utopía, la intervención que media entre los géneros se evidencia con los siguientes versos en que la alegoría del insecto se transforma en la alegoría de su posible desplazamiento hacia nuevos rumbos en las rutas del deseo: “іOh pequeño Gregorio de mis ganas,/ si no te mueres antes de que vivas,/ ponte a volar un poco aquí en mi cama!/”(33). De esta manera, por medio de la intervención de la mirada subalterna, Chico subvierte el mito de la unicidad cultural de una identidad amenazada por el colonizador que el Estado-nación-colonial articula, nótese que la mención del pequeño Gregorio alude a una versión minúscula del personaje kafkiano, alegoría arquetípica que recala en cómo las naciones americanas son descritas tal cual, copias de las naciones colonizadoras. Por igual, su intención de cambio es clara desde el título. En consecuencia, su estética implica un tono paródico propio de los discursos posmodernos cuyas implicaciones, más bien se inscriben en la articulación de nuevos espacios de enunciación que reclaman una geografía cultural nueva, capaz de ser más inclusivos y tal vez más elusivos que al mismo tiempo rebasan la frontera de la posmodernidad para inscribirse en un discurso transmoderno descolonial.

La parodia  según Hutcheon la define en ambas recala en la parodia del género o su énfasis en exagerar su performatividad. En Kattia Chico específicamente el uso del humor negro desaurifica los elementos poéticos del poema, especialmente mediante el uso de metáforas inusuales que se refieren a objetos o circunstancias de la vida cotidiana o a través de la intertextualiadad cuando parodia por ejemplo: La metamorfosis de Kafka en “Variación sobre Kafka” (33) , a Ernesto Sábato como  sujeto histórico en Sábato en el mundo de las matemáticas (42), el tono trágico de las obras teatrales de William Shakespeare en “Abecedario para el olvido” (34), la construcción de la masculinidad heteronormativa en “Los Habladores” (31) entre otros. Julia de Burgos por su parte se vale de la parodia de su propio sujeto histórico por medio del desdoblamiento en “A Julia de Burgos” (1) y el desplazamiento por distintas identidades de género en “Pentacromía” (19).

El desplazamiento por la geografía del cuerpo como metáfora de la des(re)articulación del género, la identidad nacional y sus implicaciones con respecto al cuerpo-mercancía


            Como hemos visto la integración entre geografía y la estructuración social están intrínsecamente relacionadas y ambas repercuten en la manera en que se manifiestan las dinámicas de control sobre el cuerpo en la sociedad patriarcal. Sobre este particular Michel Foucault indica:

            I believe the great fantasy is the idea of a social body constituted by the universality of wills. Now the phenomenon of the social body is the effect not of a consensus but of the materiality of power operating on the very bodies of individuals. (55)

            Ante este hecho los discursos descoloniales de las poetas estudiadas responden insertando en la discusión un desplazamiento constante a través de la singularidad de la geografía del cuerpo en ese llamado cuerpo social. En la estructura textual en Julia de Burgos se constituye por medio de métrica irregular y en el de Chico por ejemplo en la creación de caligramas como es el caso del poema: “Pequeño ritual de soledad” (51). Amabas voces construyen espacios alienantes para reconstruir la realidad  por medio de un discurso seductor (Baudrillard) en que se manifiesta lo hiperreal por cuanto el cuerpo-mercancía  fluye como los signos que se construyen en la cultura o la cultura del mercado  (Jameson). En el caso de Julia de Burgos el poema “Víctima de luz” (148) establece un desplazamiento de la mirada subalterna a través del cuerpo del amado, el cual a su vez se presenta desmembrado ante el escrutinio de la mirada. El juego de la mirada especuladora para utilizar el término de Luce Irigaray, subvierte la dinámica descrita por Foucault en el sentido que la supuesta universalidad de la ideología moderna queda reemplazada por un continuo desplazamiento hacia el movimiento, incluso la mirada de la poeta sobre el cuerpo implica un movimiento por la geografía corporal del otro que culmina en su propio cuerpo. El poema culmina indicando el movimiento ascendente de la espiga y la pleamar extendida del ontos de la voz poética. Transcribo íntegro el poema para que puedan ver el flujo de la mirada desde el inicio:

Aquí estoy,
desenfrenada estrella, desatada,
buscando entre los hombres mi víctima de luz.

A ti he llegado.
Hay algo de universo en tu mirada,
algo de mar sin playa desembocando cauces infinitos,
algo de amanecida nostalgia entretenida en imitar palomas...

Mirarte es verme entera de luz
rodando en un azul sin barcos y sin puertos.

Es inútil la sombra en tus pupilas...
Algún soplo inocente debe haberse dormido en tus entrañas.

Eres, entre las frondas, mi víctima de luz.
Eso se llama amor, desde mis labios.

Tienes que olvidar sendas,
y disponerte a manejar el viento.

¡A mis brazos, iniciado de luz,
víctima mía!

Pareces una espiga debajo de mi alma,
y yo, pleamar tendida bajo tu corazón. (148)

            La ironía que propone se basa en presentar la desnudez del otro por medio de la mirada subalterna que trasmuta la esencia de ese otro y la propia. La víctima del discurso entonces se anula y ambos se disuelven. En el caso de Kattia Chico también encontramos el uso de la victimización, pero esta vez por medio de un discurso mucho más mordaz. Los poemas “Para pervertirte mejor” (27) y “Un hombre desnudo es un paisaje bienvenido” (25) parecen situarse como reescrituras de “Víctima de luz” o al menos se valen de la misma técnica en la cual la mirada subalterna se impone en un fluir constante que desarticula el discurso mismo.

 Para Beatriz preciado este énfasis en la mirada y en la especulación anatómica recalan en lo que ha denominado la mirada farmacopornográfica de esta etapa del capitalismo tardío. Chico establece cierto paralelismo entre el encuentro de los cuerpos por medio de la mirada especulativa o como diría Preciado farmacopornográfica. Es decir, la mirada subalterna se apropia de la mirada pornográfica del estado que busca hipercontrolar al cuerpo y con ello subvierte su efecto entre los juegos de poder que se producen entre los cuerpos. La relación entre la construcción identataria por medio de la industria farmacéutica es patente cuando nos dice: “Los hombres desnudos son medicinales,/ antidepresivos, analgésicos/ y buenos argumentos contra el suicidio./ (25) Chico entonces propone en el goce erótico renunciar a la construcción de la subjetividad por medio de los aparatos que controlan el mercado, en este caso las farmacéuticas con un reclamo muy parecido a los discursos de liberación sexual de los años sesenta.

Preciado discute la construcción de la subjetividad por medio la intervención de los fármacos, en el caso de Chico ésta parece adoptar un discurso contrario y propone (re)articular la subjetividad por medio del cuerpo del otro cuyo efecto se apropia del discurso mercantil de los fármacos que constituyen dicha subjetividad. Incluso en el poema antes citado: “Un hombre desnudo es un paisaje bienvenido” (25) desde el epígrafe, tomado del poeta ochentista Edgar Ramírez Mella, la parodia a las sociedades salubristas es evidente: “es la salud retomando mi cuerpo/ que al fin te olvida.” Chico en el poema se vale de la estética del blasón y podríamos decir del antiblasón para describir el cuerpo del amado desde una óptica trasmoderna en que no es idealizado sino más bien virtualizado por el fluir constante de descripciones metafóricas que se valen del humor para desmitificar la idea del amor burgués y el amante perfecto. De hecho, encuentra en el sexo y la presencia del amante la salud contrario a las campañas de terror que el Estado moderno impone sobre el sexo desde el siglo XIX con la criminalización de las prácticas masturbadoras hasta la reciente pandemia del VIH/SIDA:

Son dulces y angulosos, son archivos históricos,
alfabetos en célula, cisnes de cuello impune,
casas donde vivir,
criminales absueltos. (25)

El bio-poder se desarticula, al menos discursivamente, cabría trascender el discurso para alterar el dominio del imperio de los fármacos. Chico hábilmente se vale de los elementos que según Preciado constituyen los instrumentos para construir una identidad en la era farmacopornográfica por medio de la tecnología, los fármacos y el discurso científico, cuya mirada inquisitiva o su hiperexposición se vuelve pornográfica. En sus poemas por tanto se altera la unidireccionalidad de dicha dinámica para subvertirla. En esto se cumplen las palabras de Michel Foucault cuando indica que el poder contesta a la revolución sexual con un enfoque económico para controlar la estimulación sexual. Por lo tanto, promueve el uso de artículos sugestivos como el filme pornográfico y de esta manera se produce una nueva dinámica de control sobre el cuerpo. Chico en este caso adopta estas dinámicas para construir sus textos de manera tal que aún sean contestatarios. El fármaco que extiende su subjetividad se constituye por medio del otro desde un enfoque antropocéntrico, en este sentido la identidad unidireccional se acerca más a los planteamientos de Judith Butler cuando indica que: “el género propio no se “hace” en soledad. Siempre se está “haciendo” con o para otro, aunque el otro sea sólo imaginario.” (13). La dependencia adictiva del cuerpo masculino entonces recala en la construcción de la subjetividad con el otro.

Ambas poetas utilizan el espacio del cuerpo textual para articular la identidad de cuerpo en fuga y asimismo de un género nómada que deconstruye los imaginarios totalizadores de los discursos logocéntricos. Desde la alteridad subvierten la colonialidad de la visión homogenizadora en la construcción de la identidad nacional. De esta manera el punto de vista subalterno sublima tales prácticas patriarcales para crear un espacio bio-geo-político ambivalente en que nuestra realidad cultural se desarrolla que, ciertamente, cuestiona las prácticas de dominación del Estado sobre la articulación de los discursos identatarios sobre el territorio de la alteridad transcolonial. 


[1] Véase Preciado, Beatriz. Testo Yonki. Espasa Calpe: Madrid, 2007.

[2] To understand the differential selectivity, social structural location, and sociopolitical incorporation of migrants groups and t avoid the pitfalls of conceptually “homogenizing” the diverse migrant experiences, the transnational migration literature must transcend the nation-estate as the unit of analysis and take more seriously the colonial divide of the modern/colonial/capitalist world-system to define geographical boundaries (Quijano and Wellerstein 1992; Mignolo 2000).

[3] Siglas para denominar a los grupos activistas que representan a la comunidad gay en sus principales manifestaciones, (Lesbian, Gay, Bisexual, Transgender, Transexual).

[4] Véase Gelpí, Juan G. Literatura y paternalismo en Puerto Rico. Editorial de la Universidad de Puerto Rico: San
Juan, 2005.

[5] Gelpí explica que el sujeto nómada es aquél que se despliega en un medio sin horizonte, como el espacio liso, la estepa, el desierto o el mar (Deluze y Guattari, 385). […] Para el suejto nómada, “…todo punto es una etapa y sólo existe como tal” (Deluze y Guattari, 384). El migrante en cambio, “va fundamentalmente de una lado para otro, incluso si ese otro punto es dudoso, imprevisto o [está] mal localizado” (Deluze y Guattari, 385).

[6] Se refiere al poema “Letanía del mar” publicado póstumamente en la colección El mar y tú (1954).

Los huecos del lenguaje poético: apología e intersticios entre las defensa de la víctima ante la im-posibilidad de representar la identidad sujeto jurídico


    Cuando Sócrates esgrime las siguientes palabras, según ficcionaliza su discípulo Platón en La apología de Sócrates: “He aquí atenienses, la verdad pura, no os oculto ni disfrazo nada, aun cuando no ignoro qué cuanto digo no hace más que envenenar la llaga; y esto prueba que digo la verdad y que tal es el origen de estas calumnias”,  nos encontramos ante el claro ejemplo de una defensa que es al mismo tiempo una alabanza de las virtudes propias. La defensa siempre busca probar credibilidad frente al carácter mendaz del acusador o el testigo. Es esta defensa -por paradójico que pueda parecer- a través de la palabra, la cual ofrece un espacio de confluencias al sujeto vis a vis el mundo que le rodea. Es asimismo el discurso que parece afianzarse en la poesía de Hoy lanzo el látigo, de Leticia Ruiz. El poema Resisto es prueba de lo que les planteo.  

    La apología eleva a un sitial más alto a quien se defiende frente al juicio del pueblo. En nuestro ordenamiento este juicio es representado por el estado y es cobijado por la presunción de inocencia. El poeta es pues el acusado idóneo para esgrimir la apología. Cuenta con el lenguaje, el conocimiento cultural, es capaz de representarse y puede desestabilizar el instrumento de los acusadores: la palabra. La situación del poeta y en este caso el acusado no pueden deslindarse, todo lo contrario, son justamente las circunstancias idóneas, aunque Platón pueda revolcarse en la tumba, puesto que expulsó a los poetas de la República.

    No obstante, el texto de Ruiz, se enfrenta a otros intersticios del discurso posmoderno que se confunden con los asideros que implican la imposibilidad de representar a la víctima o la imposibilidad de que el acusado/víctima  pueda rehabilitarse del escarnio público aunque pruebe su inocencia. El poeta siempre es el acusado que sirve de chivo expiatorio a la moral social. Al leer el libro surgen muchas preguntas que resultan complejas y de difícil contestación. Por ejemplo, cabe preguntarse ¿cuáles son las denuncias en este texto? ¿Hasta qué punto leer esta poesía nos remite a una apología? ¿la apología de quién o quiénes? ¿Cuáles son los intersticios entre la apología individual y la defensa de las víctimas? ¿Son los acusados víctimas también de una superestructura? Incluso, en este ejercicio de mayéutica, puedo preguntarme a mí mismo como lector y abogado en adiestramiento si soy maniqueo en el manejo de este análisis que abre huecos espaciales tan oscuros. Introducirnos en un túnel como este, apropiándome de la metáfora de Sábato, siempre es un desafío que cuestiona nuestras frágiles normas, cuyo propósito fracasa ante las situaciones límites en que se impone la irracionalidad del sujeto.

     Estas son en definitiva las preguntas que nos fustigan con el látigo del lenguaje. Algunos se preguntarán, ¿cómo el lenguaje poético cuyo propósito para Kant es acercarnos a lo sublime, puede acercarse a la aridez del lenguaje jurídico?  No olvidemos que el hueco que se anega en el pecho de quién pierde la voz a través de la poesía, es el mismo de aquél que aboga por aquéllos silenciados: víctimas y acusados por igual. Recordemos que todo acto de enunciación implica la pérdida de la palabra a través de la publicidad. Esto sin lugar a dudas plantea problemas epistémicos y pragmáticos que ya otros teóricos han esbozado, cualquier reminiscencia con Spivak y los sub-alternos silentes no es pura coincidencia. Es un problema no sólo del derecho sino de la intelectualidad, identificar quién y bajo qué condiciones alguien es legitimado a hablar. La ferocidad que nutre nuestro sistema adversativo, lo atropellado de su estructura procesal, puede equipararse a la ferocidad con la cual los intelectuales se disputan la legitimación para ocupar los espacios de enunciación. Lo digo a sabiendas de la desaprobación que puede provocar esta postura incómoda incluso para mí mismo.  

     Así pues, sabemos que la alteridad se subsume en la invisibilidad de un lenguaje que  se intenta re-escribir en una piel ajena, en un lenguaje y normas a las que advenimos en una constante lucha de clases. Los tribunales nos alejan de nuestra identidad y desarticulan la voz por medio de procedimientos civiles áridos y onerosos. Así resulta para la niña tijereteada en un poema de la colección, cuyo tono infantilizado es una trampa retórica que nos abre la puerta a la fosa común de los condenados. Las tijeras recrean el despertar violento y no consentido a la sexualidad de la pequeña. Nos conduce la lectura a ese lugar en el cuál nos encontramos en ese difícil espacio en que no podemos definir con claridad cuál es nuestra noción del consentimiento. Nuestras nociones sobre la sexualidad se descompensan con mayor facilidad. Nos provoca ira y silencio, pero nunca nos conduce a entender el incesto. Hasta ahí nuestros andamiajes epistemológicos, éticos, morales y jurídicos, fracasan. El poemario se estructura en esta lógica. Yo mismo, debo admitir, que me quedo sin respuestas ante estos hechos. El abuso sexual, como consecuencia, se convierte en respuesta y tropo indiscutible de este texto, perecería que estuviésemos en una sala de familia del tribunal de primera instancia. En algunas ocasiones, cabe señalar que el poemario nos conduce a los tribunales internacionales o a organismos como la ONU en reclamo por los derechos civiles y humanos. Todos ellos, en alguna medida ya anquilosados bajo la erosión de las instituciones que representaban los ideales prometedores de la modernidad. La violencia que intentamos combatir, es la que sin duda legitima a los Estados y a la “sociedad civil” que articulan. Es el asidero que resulta en el fracaso de estos organismos. Cuestiona la validez del Derecho internacional público. Este canto a modo de saudade queda manifiesto en el poema Pueblo duro de Cerviz y en la metáfora la ONU sangra, como los pueblos sangran.

     La poeta en su búsqueda encuentra que la misma moral que da base al sistema jurídico es la que se imbrica en el poder de la religión. La represión de los impulsos busca desplazar el poder sobre quienes no pueden defenderse. Las sospechas que recaen sobre el comportamiento sexual liberal, es la huella de la conducta de quienes inscriben la moralidad social. El pensamiento liberal, bajo sus dos vertientes: capitalista y marxista se encuentra en pugna y busca reconciliarse con la tradición juedo-cristiana dispersa en la moralidad social que parece construir por igual sus asideros. Este desplazamiento dispar del poder democrático es lo que la poeta rastrea en todo el texto.  Su solución parece volver sobre sus pasos y devolvernos deus absconditus el poder de la justicia, por medio de la revelación de la inocencia que es la metonimia que construye con el símbolo de los niños a lo largo de su recorrido. Para los griegos, la tragedia ática implicaba que los crímenes de sangre se pagaban con sangre en busca de la restitución del orden, para los judíos la ley del Talión  sirve a este propósito, para los cristianos la venganza es de dios. En nuestra sociedad que lucha por alcanzar la secularidad en escenarios sumamente inciertos, la venganza es del sistema de justicia. Se ha desplazado al Estado el poder divino en busca precisamente del orden social. Sin embargo, las fugas y los huecos que se emplean en el ejercicio de justicia, según la poeta, nos obligan a repudiarla y volver a idealizar una figura en extremo justa como consuelo final. Así concluye la poeta su poemario. Volvemos al mundo de la ideas platónico, a la ansiada perfección que nos aleja de nuestra materialidad compleja e imperfecta.  El poemario nos recuerda esos los huecos del lenguaje poético, que son reflejo de los huecos en el discurso social. Es una apología que busca insertarse entre los intersticios entre la defensa de las víctimas ante la im-posibilidad de representar la identidad sujeto jurídico, que en vías de conservar el orden de las clases dominantes, cede ante lo procesal y deja al pueblo sin poder. Este es sin duda el fracaso más visceral del Contrato Social.

     Esta intención del libro queda demostrada en su forma estética de fuga y en algunos poemas a través de huecos. El poema Pueblo duro de cerviz es un ejemplo. Este poema también lanza el látigo al sujeto femenino. El pueblo generalmente pensado como un sujeto masculino es aquí representado por genitales duros. La poeta parece entender una desfase entre los ideales y la consecución pragmática de la lucha de los movimientos sociales feministas, cuyos resultados muchas veces reproducen estructuras patriarcales más que reconfigurarlas. Cabe preguntarnos, por ejemplo, ¿cuántas mujeres ocupan posiciones de poder y aún los ambientes de trabajo se sostienen sobre las dinámicas de producción masculinas que excluyen el espacio doméstico y la familiar nuclear que tanto pretenden “proteger” los movimientos conservadores? Los hijos aún son estorbos para el progreso profesional de la mujer. Esa es una de las metonimias que auscultamos en la cerviz dura, que más bien se refiere al pueblo de Israel. En la Biblia, sabemos que muchas veces se representa como la novia de Dios.  

     El poemario se encuentra en pugna interna y en busca de la reconciliación con la tradición judeo-cristiana. Sin embargo, su búsqueda por la libertad fracasa ante la intención del cristianismo de controlar el orden social por medio de su desfasada  moralidad. La cristiandad, como discurso del poder biocapitalista, intenta ofrecer una vía de salvación individual al ente vivo que lo arroja a la negación de su humanidad material, a la mortalidad de la carne y los sentidos. El Estado posmoderno y el capitalismo son remanentes institucionales que han absorbido estas ideas. La voz poética crea su apología personal en las ideologías y prácticas cristianas. Esta es su defensa y posiblemente su codena hacia la cicuta. No nos encontramos en los tiempos de los sacerdotes de la Teología de la liberación que cobró la vida de campesinos y del padre Astulfo Romero. Por igual, los quiebres que propuso el protestantismo de Lutero en el siglo XVI focalizaban la individualidad antropocéntrica, muy a tono con el Ziet Geist del hombre renacentista, pero cedían ante la posibilidad comunal. Oxímoron que el cristianismo no acaba de comprender aún luego de Max Weber.

     Una vez recomendé a la poeta que culminara el texto con el poema En la India y con esta relectura me reafirmo en lo antes dicho. La inquietud que provoca ese poema es un llamado a la acción, decir que los niños son nuestra deuda implica un reclamo múltiple que subvierte las estructuras que nos oprimen. Nuestra deuda no está en el capital de divisas sino en la deuda material y progresista que anida en los ojos de nuestros jóvenes. El peso de la sentencia no debería dejarnos dormir tranquilos. 

El vuelo entrópico de El imperio de los pájaros



por: Luis Felipe Díaz



En El imperio de los pájaros (libro de poemas de 2011) se imponen inicialmente dos significantes de perfiles cronotópicos ya comunes pero que en este libro no dejan de ser desafiantes: primero el poderío del ave que se remonta a los lugares comunes de Ave Fénix y su irónica subida en obtención, después de todo, de la inevitable caída; y todo para un nuevo reemerge o comenzar. Ya los primeros epífrafes del libro nos ingresan a esos espacios de irónicas conductas en que Julia de Burgos lanza un grito al viento, con una fuerza que se contrarresta en la cortedad de la fuga que ella misma presagia; Kattia Chico, quien nos salva con sangre contaminada; y Spivak, quien no se siente lo suficientemente poderosa en la acedemia, mas sin embargo, rompe las reglas del discurso de la misma academia ( y cómo lo ha logrado!). 

Ya en el índice mismo el poeta nos advierte de un viaje que anuncia el retorno de los pájaros que, mientras buscan las temporalidades de la eternidad se encuentran solo la frontera que por el contrario muestra el finito y material cuerpo. La pugna de los opuestos se hace inmediatamente patente. Pero después de todo se presentan el vuelo del poeta a las zonas del ozono, que fluctúan y viajan con la guía del hablante lírico que como buen postvanguardista postmoderno se muestra en curioso control del su propio vuelo. Quizás por ello se revela cierto refreno en su discurso, inicialmente como caminante de las calles de Nueva York, usando la falda, no ya como acto revolucionario (dice la voz lírica mima) y con el encuentro de las estrellas en el pecho. (Son simples pero inventivas analogías). Desde la altura desciende, la trascendicia a que aspira el verso mismo que no puede evitar la caída. Es decir, finalmente el poeta alcanza fundir el más allá y el más acá, la trascendencia del deseo fugaz y la inmanencia de la caída en un mundo que parece apocalípticamente consumirse en sí mismo. Así resulta el inicio del poetizar y así será el final del poemario. Apocalíptico!

El viaje es un lugar común tal vez tradicional, y manejado por muchos poetas modernos y postmodernos, pero no el modo de acometerlo el poeta nuestro (Abniel); en el modo de emplear el lenguaje y la imagen que nos comunican una historia de deseos múltiples, rizomáticos; a veces con detenimiento, en ocasiones con velocidad y desenfreno. No veo sin embargo en este poemario la locura postmoderna que esto implicaría todo este recorrido del imaginario, sino un paradójico y desesperado sosiego, un detente que confiere al poemario una singular belleza, tranquilidad, consciencia de originalidad en la metáfora de la trayectoria y el viajar.

El poeta se las juega con el mito. El mito clásico y su impostura postmoderna. Al principio fue el sonido, el trueno que retorna a la Quinta Avenida a retomar otras alas (tal vez en la megatienda Macys) que viajan al caribe-sur del cuerpo y la sexualidad pero con el impacto del trueno. En ese Caribe, de su volcan irrupciona la mujer que luego el poder de Ochún lo convierte en ave queer capaz de permitirle ponerse en contacto con la poética que les dictan los Orishas y de proponerle un imperio (es decir, el mandato de repetir lo mismo, pero encontrar posiblemente lo distinto en la repetición). Se trata de los espacios de fuerzas y fugas del Ochún imperial del ars poética queer, el Manifiesto en el cual se retiene lo femenino pero se encuentra la palabra del vértigo de los hombres, en decir del poeta mismo. El poemario en ese sentido goza de una rica gama de campos de significaciones y mitologías bien manejadas.

Desde ahí, desde arriba, el poeta observa la palpitación de los precipicios. Y se escapa más poderoso como pájaro, al imperio de las intetextualidades del Aleph, a las mezquitas, al imperio de Alá, a los pergaminos, el descanso de séptimo día, a la luz, al sendero doliente crístico, al diablo del algo de azufre y la raina que carga la espada a su lado.  Y de esa manera el poeta logra traspasar el avatar de la sangre, las gotas, la espuma que rueda por las paredes como si se tratara de haberse alcanzado el misterio de la líquidez del semen. (Aquí empleo los mismos lugares comunes, metáforas y manejos semánticos del hablante lírico del poemario mismo). Pero aún así queda el deseo de pasos hacia el retorno de lo desconocido, a los cuentos de Shahnama, al inicio de la sangre. (El hablante lírico meneja hábilmente estas metonimias y sus fugas semánticas). Y ello lo conducirá una vez más al encuentro de una mujer que en el fondo resulta hombre, bestia herbolaria saciada de enigmas, de los bordes, de la frontera donde todo se confunde pero manteniendo la existencia una apertura. Tal parece que siempre hay una fisura en el encuentro que le advierte al poeta los inicios y los finales en casi paradójica y lamentable combinación y encuentro: lo maternal y patriarcal, la vida y la muerte, el Eros y Tanatos, el deseo y la ausecia del mismo. Mas no creo que  el poeta sea el lacaniano del “hueco de la nada” (le manque a etre) sin la nada y solo el hueco. Es más bien un nietzschiano del eterno retorno.

Y en el volar, por qué no encontrarse con la mitología griega y sus seres que deblegan el tiempo y brindan la sangre aún caliente que corre por las manos? Y por qué no viajar luego con Dante a la selva del Queztsalcoatl, la serpiente emplumada en búsqueda de la Beatriz desnuda, la angelicatta del olvido, y encontrase con el código endescifrable de América, la clave Morse del signo que avisa que el viaje implica además el sonido del silencio, el sonar de la voz divina que cree poseer el poeta con el viento de sus alas? Y de esos viajes por espacios mitológicos y de significantes e intetextualidades retornan los pájaros, con las palabras de los imperios del lenguaje y del vuelo de los signos, las tumbas de los patriarcas, con el encuentro de un nuevo siglo y el pergamino, como su pemario mismo, que se salva de las cenizas esta noche con nuestra lectura. Eso espero! No son muchos los lectores que actualmente posee el País para este tipo de poesía.

Mas adelante: emerge la temporalidad ciega pero llena de ojos, la insoportable levedad del ser que es a la larga como un artefacto interruptor; el deseo que se encuentra en un otro que solo obtiene su mortandad entre las piernas deseantes del poeta. Pero pese a ello ahí se percata el vate de que dormir con un hombre es lo más cercano a Dios, es la plegaria que clama por el arder de la fogata del otro, como David abrazado al pecho de Jonatán, el evangelio del Señor reescrito en la cintura con la lengua del otro, el juego entre la plegaria, el reclamo otreico que a la larga trae el silencio tras el acto imperial; el sueño de Dios en su propia sangre. Y así se reconoce una vez más que el libro sagrado es un misterio impenetrable. En ese sentido la poesía quiere entonces seguir siendo el libro sagrado de nuestra cultura.

En este momento poético el hablante se torna modernista y pide el nombre de las cosas, la inteligencia, el signo exacto, como los grandes poetas que le preceden en estos reclamos (Juan Ramón Jiménez, César Vallejo, Pablo Neruda, por ejemplo). Pero ya sabe que todo lo proporciona la pasión del cuerpo del imperio de los pájaros en su peregrinar. Y por qué no cruzarse una vez más con la lírica mística, la más cecana y testimonial del deseo insondable del cuerpo, como lo haría San Juan, Santa Teresa. Mas ahí también se obtiene una vez más, de manera paradójica, la miseria del polvo, el hueco de la nada y la muerte. Pero para el poeta, siempre puede ser que retorne la azucena (ese significante de la blancura suprema, de la mística del olor en pleno vuelo), ese significante del aroma ambiguo entre el deseo del deseo y el deseo que se consuma en el otro de la carne pero con olor. Y que le queda al poeta después de todo?: el tiempo, el polvo, las angustias, la sangre de la corporeidad violada pero con ansias de existir, de ser en el devenir de la finitud y el instante, la cópula del tiempo: la poesía misma. Y una vez más seguimos al popeta en la búsqueda de la Jerusalén perdida, pero en esta oportunidad con el encuentro del deseado Grial que no requiere ser descifrado; es también el encuentro del lenguaje, del signo que brota sin necesidad autoritaria de reclamarle sentido. En esta ocasión el poeta aprende a comulgar con la noche, donde dos soledades se unen y solo obtienen una deuda, como la que se escucha en los boleros de tanta nocturnidad. En este sentido el poemario establece un diálogo con las metáforas clásicas y las postmodernas en su sentido más cotidiano de la actividad de cualquier sujeto. De ahí que se mantenga en el ámbito del mito, del anhelo salvador, de la necesidad y demanda del vuelo como metáfora de retener el significante de la Libertad en su sentido más pragmático, del ahora que nos corresponde en la responsabilidad del lenguaje y de su manejo.

Y finalmente (seguimos las imágenes del poeta), el Ozono de la tierra y la furia que dibuja voluntades sin amo, como en decir del poeta La Torre Lagares. Y luego de tanto viajar, se pregunta el hablante: cómo se explica un suelo sin fronteras, tanto canto, el apocalipsis de las torres caídas, una ciudad rotulada de pasquines, la historia asesina en serie. El Ave Fénix renace esta vez pero con las alas encendidas, con el vacío de dios, el charco de sangre, el ozono de la tierra cual metonimia del final envenenado del vuelo. Y todo quizás para provocarnos una nueva búsqueda, un nuevo comenzar, para no morirnos de silencio, dice el poeta en un final que parajójica e inevitablemente es inicio.

Propongo, pues: callemos todos un rato; y hablemos con mayor reflexión luego, en estos tiempos tan difíciles y entrópicos (ozónicos) que presagia el poeta. 

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 A veces pienso que nos tomamos muy a la ligera la homofobia internalizada. No miramos sus matices, su multiplicación cancerosa que irradia pomposamente su metástasis.  Observo, a esos hombres circunspectos, pelo en pecho, a veces no tienen pelo en pecho, pero se han quedado con la actitud (que es lo mismo), burlarse de los hombres que se clavan, cosificándolos tal cual haría un hombre heterosexual machista. Me pregunto en que orificio meterían sus genitales sin existieran anos y vaginas. Sí, sé que puede parecerle absurdo: ¿Un maricón machista?, pues, pa’ joder, así es. ¿Y cómo ocurre esto? 

Gayle Rubin, una arriesgada antropóloga estadounidense, ha estratificado las prácticas sexuales de manera que, mientras más cercano al modelo del hombre heterosexual, blanco y rico se encuentre dicha práctica, menos resistencia social encuentra. ¿Quién quiere ser blanco de ataques? Bueno, la respuesta más lógica sería nadie. La manera más sencilla de evitarlo es mantener la doble vida, revestirse de esa construcción social que no resulta sospechosa, de esa hombría macharrana. Ahora bien, hay algo en la indulgencia y en la impunidad que destilan los bikinis de ex senadores que me perturba mucho. He llegado incluso escuchar un llamado al ¿perdón?  y a que permitan ser feliz  al ex senador.

¿Perdón, digo yo? ¿Pero he escuchado bien? ¿Ahora, tras aguantar la homofobia y los efectos de la homofobia internalizada, tenemos que asumir indulgentes y austeros el cinismo del perdón? ¿Acaso, es que el ciclo de violencia doméstica ha adquirido dimensiones de inconsciente colectivo? Es decir, quieren que nos convirtamos en las esposas de ciertos políticos estadounidenses que se mantienen fieles al marido infiel, de pie, incólumes, dignas en la conferencia de prensa en la que su esposo anuncia su renuncia al cargo público por su comportamiento indecoroso. ¿Tenemos que sublimarnos en la escala de honra mancillada? ¿Tenemos que demostrar a toda costa que somos mejores seres humanos o superiores moralmente? ¿Bajo qué concepto de moral, el heteronormativo judeo-cristiano, al cual no deseo adscribirme? Carl Jung tendría mucho material con este fenómeno, no lo dudo. 

Quizás, yo no sea tan magnánimo después de todo. Tal vez no tengo tan buen corazón. O quizás, y me inclino a pensar que, soy de los que exigen respeto y no aceptan menos.  Las extravagancias del ex senador, que hoy afirma libremente su homosexualidad, son como una bofetada ante la impunidad que destilan, toda vez que recordamos que aun cuando tuvo el poder en sus manos perpetuó el discrimen contra las comunidades LGBTQTI.  Aprovecho, también en esta descarga  para decir, que no todos los homosexuales son la caricatura que plantea Arango en su bikini o Ricky Martin en Glee, a los cuales el discrimen parece no afectar su vida.

Recientemente una compañera me contó de suceso alarmante, que deseo compartir. Una joven, aparentemente de facciones “masculinas” fue rodeada por sus compañeros de clase. Todos y todas gritaban: “Miren, un nene vestido de nena”.  Sus compañeros la rodearon y sin permitirle escape abarrotándola de insultos, como si reviviésemos un acto de circo. Ciertamente, este suceso produjo una debacle emocional en la joven, la cual no quiere volver a la escuela. Esta ansiedad que provoca la desestabilización de nuestras nociones de género puede provocar esta ola de violencia deleznable.  Esta diferenciación que busca exiliar a los sujetos que, no se ajustan a los parámetros heteronormativos de la vida cotidiana, es lo que ha permitido el ex senador que ahora se exhibe felizmente por las playas y en bikini. Y no es que esté en contra de que sea feliz, es que su descaro no hace más que acentuar su infamia ya que la realidad económica de otros homosexuales, lesbianas y transexuales, no permite la movilidad que  le garantiza cierta impunidad al ex senador.

Ahora, resulta que es una gran diva, una celebridad del más exuberante gusto. Los medios lo siguen con un culto nefasto, mientras ignoran la debacle de cientos de transexuales que son detenidas y vejadas en los cuarteles de la policía, mientras jóvenes temen en la escuela ataques de bullying, hombres gay son golpeados en las calles, parejas del mismo sexo quedan excluidas de órdenes de protecciones y se plantea que eliminen del Código Penal los crímenes de odio. Esa indefensión, a la que someten a la comunidad LGBT, es la realidad de la mayoría de nosotros los homosexuales, las lesbianas y las/los transexuales. No lo son las caderas seductoras de Ricky Martin o las visitas a lo Beyonce de Arango a Miami.

Ante su complicidad con el poder opresor heteronormativo, las acciones de Arango deberían ser marco de alguna ilegalidad, pero no es así. Él ha defendido el status quo a capa y espada y por lo tanto, entiendo que debe sentirse merecedor de su recompensa, ganarse su pequeño virreino, como en los tiempos feudales.  Él ha custodiado la moral del estado desde el afuera, como buen servidor público. La narrativa o el discurso del orden estatal, no es uno que lo implique a él porque su clase social le ha provisto movilidad personal y al partido le proveyó donaciones, liquidez económica y ha reciclado la imagen de los sujetos que ocupan el poder.  Estas son las garantías indispensables para que la partidocracia funcione.

A esta visión, no puedo sino atribuirle esa metáfora del cáncer de la cual Susan Sontag se apropió en otro contexto. El cáncer y su desplazamiento geográfico, ocupa al cuerpo,  desplaza la continuidad de la vida y acumula la atención médica. Este desplazamiento de lo que significa ser homosexual, más allá la idea de belleza, espectáculo, culto al cuerpo, excesos de consumo, es en lo que nos convierte este manejo de Arango o Ricky a través de los medios.

Las metáforas sirven de significantes, emblemas, en este caso, la metáfora que se adhiere al bikini de Arango, hay que extirparla, porque como todo cáncer, hay que evitar que alcance su más alto grado de metástasis.