
Desde ese instante
A Ema
Desde ese instante pude oler ese extraño
signo de los cuerpos.
Puede saborear tu voz a distancia
y enredarme con ella hasta el sueño.
Cada hilo de piel se vuelve a enrolar
en mi cuerpo, carrete de tus silencios
que abren puerta a mis adentros,
tal vez en el instante mínimo donde
nos correspondemos más que en una eternidad.
Devora el sentido ese espejo
donde me reflejo y te veo acariciando mi espalda
con el sabor de tus siempre labios.
Camino tras una duda trapecio
en que giro y las piruetas arriesgadas
muestran la belleza más simple, de ahí que
busque arriesgarme hasta caer en tus redes,
y quizás hundirme en tu pecho preguntando
sereno en donde late la fuerza que leo en tus
espacios que me comprimen y me expanden
para deslizarme más adentro y te recibo.
Nos adentramos en las islas que se leen
en nuestros silencios dentro y fuera de la piel
agitada en la vorágine, viento de voces que
reencuentra el sentido. Late más adentro
el otro cuerpo que me habita, el cuerpo que anhela
lo estático para encontrarme siempre dentro de tus ojos,
dentro y reencarnado de ti/tú de mí,
como ese encuentro del mar con el río
que se desborda tan sólo cuando las corrientes se agitan.

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